15 de febrero de 2018

Myanmar - Yangón - Sule Paya


Rodeada de caótico tráfico

Desde Shwedagon Paya en coche vamos hacia nuestra próxima visita, y así conocemos de primera mano el tráfico caótico que inunda esta ciudad en el centro; para recorrer un kilómetro te puedes tirar media hora o más, porque no te mueves durante bastante tiempo, creo que es la peor ciudad con diferencia con este problema por la que hayamos pasado hasta el momento. Así comenzamos a fijarnos en las casas, muchos edificios tomados por la humedad, y lo que no faltan son antenas de televisión, hay una legión de "ovnis" por todos lados. 



Llegamos a Sule Paya, una pagoda situada en una rotonda, alrededor de la cual hay un tráfico descomunal, así que lo difícil es cruzarla para los peatones, ya que no hay semáforos, si hay pasos de cebra pero como si no los hubiera porque nadie los respeta, hay que aprovechar algún parón de los coches y ser valientes, o esperarse a última hora de la tarde, a partir de las siete, que los coches ya no toman esta parte de la ciudad. La pagoda funciona como un kilómetro cero a partir del cual se miden las direcciones hacia el norte. 



En el exterior, entre las puertas de entrada, se han instalado tiendas, que no tienen en su mayoría nada que ver con artículos religiosos, son de todo tipo (internet, móviles, viajes…).


Por supuesto en el pasillo de las puertas de entrada (cuatro: norte, sur, este y oeste) hay tiendas, ahora ya más relacionadas con las ofrendas que con la vida comercial diaria. Dejamos nuestras chanclas -a partir de ahora viviremos en chanclas porque es lo más cómodo para visitar pagodas y evitar el engorro de calcetines o cordones-, en el lugar destinado para ello, y nos entregan un número -el 36-, así que a la salida dejaremos un donativo (no suele estar establecido como precio) por su custodia. 


Al no situarse la pagoda en una colina como Shwedagon Paya, el acceso es mucho más fácil y las escaleras son más cortas. 


La pagoda tiene dos mil años de antigüedad, pero como la mayoría de las pagodas en Myanmar ha sido reconstruida y reparada en muchas ocasiones a lo largo de los siglos, así que la que se ve hoy no se sabe con certeza a que año puede corresponder. 


La pagoda recibe el nombre de Sularata, que deriva del espíritu nat Sule (culto animista que se mantuvo tras la implantación del budismo en el país) , que vivió en este lugar. Su estupa tiene 46 m de altura, su forma octogonal continúa hasta el cuenco invertido y está rematada por el hti



También como regla general hay una columna sobre la que se encuentra el pájaro hintha, un ave mitológica relacionada con la fundación de la ciudad de Bago. 


Se mantiene el mismo patrón de distribución que en casi todas las pagodas de Myanmar, que hay excepciones; alrededor de la estupa central, llamada Kyaik Athok, que en mon significa “la estupa donde está guardada una reliquia de cabello sagrado” (parece un chiste la traducción de un nombre tan corto), hay otras estupas de menor tamaño, en las que hay estatuas de Buda, y entre ellas, los puestos planetarios. 



Estos son los de los nacidos en viernes (cobaya, que parece un cerdito descolorido) y en sábado (naga o serpiente, mucho más bonito sin lugar a discusión, aunque nacer en este día de la semana sea de mala suerte). 



También hay campanas entre estupa y estupa, que hay que pedir y agradecer a base de sonidos. 


Vemos en directo el acto de poner láminas de pan de oro a las figuras de Buda (que ya veremos las consecuencias de esta actividad si no se tiene medida en varios de ellos). 


Cada puerta de acceso da a un santuario con estatuas de Buda, que llevan su halo iluminado de luces de neón. 



También hay pequeños templos o santuarios en el círculo exterior, que por regla general alojan estatuas de Buda, pero en ocasiones también de espíritus nat. 




Las bananas están listas para ser compradas y ofrendadas. 


Somos testigos asombrados de cómo se suben las ofrendas o las láminas de oro para recubrir la estupa. 


No todas las campanas están apoyadas en el suelo y son grandes, las hay más pequeñas y colgadas, que tintinean al menor contacto. 


Creo que yo cambiaría el orden de visitas, porque pasar primero por la grande, magnífica y espectacular Shwedagon Paya hace desmerecer a esta pequeña pagoda, en lugar de más a menos, las visitas tendrían que ser de menos a más; aunque ya tendremos tiempo de ir viendo pagodas y más pagodas para ir comparándolas y hasta para hacer una clasificación. 
 

12 de febrero de 2018

Myanmar - Yangón - Shwedagon Paya


En un mundo dorado

A las 9 de la mañana nos reunimos en la recepción del hotel con Myo y en coche recorreremos la ciudad, encontrándonos un tráfico absolutamente caótico, ya que noe estamos muy lejos de nuestro primer destino y tardamos una eternidad. 

Comenzamos por un clásico del país, uno de sus más famosos iconos, Shwedagon Paya (paya es pagoda), que todo birmano quiere visitar al menos una vez en la vida y por la que todo turista o visitante debe pasar obligatoriamente; y cuyo nombre significa la pagoda de oro (shwe) de Yangón (dagon). Hay cuatro entradas (norte, sur, este y oeste), y se accede por un pasillo o por unas escaleras techadas.

Hoy conocemos que a nuestro guía le gusta utilizar las puertas laterales de las pagodas, en busca de la comodidad nuestra y para ir más rápidos, y eso significa que así nos perdemos las fachadas y entradas frontales, que en Myanmar son muy importantes, así que pasamos de largo por la entrada sur de la pagoda y accedemos al parking que se encuentra en el lado este.

Para entrar a la pagoda (8.000 kyats, incluyendo el uso de la cámara, que en ocasiones se paga aparte) hay que pasar por un arco de seguridad, con la entrada te dan una pegatina para ponerla en la ropa bien visible. 

Un detalle muy importante es que hay que vestir decentemente para visitar las pagodas en todo el país, y en todas ellas veremos carteles con las indicaciones, con dibujos para que no haya dudas: en los hombres hay menos problemas, pero en general hay que llevar las piernas cubiertas por lo menos hasta las rodillas; las mujeres no podemos llevar los hombros al descubierto (nada de tirantes) y el escotede la camisa/camiseta no debe ser pronunciado, aunque no es necesario cubrir nuestra cabeza (en la entrada de esta pagoda se prestan dejando una fianza prendas necesarias si no se llevan). Otro detalle es que se debe entrar descalzo, y con descalzo quiero decir sin calcetines, se entra con los pies desnudos, independientemente del tiempo meteorológico y del estado de los suelos, no hay opción ni quejas. 

Primero utilizamos un ascensor para llegar al piso donde se alza el conjunto de la pagoda, situada en la colina de Singuttara, a 58 m sobre el nivel del mar. Luego cruzamos por un paso elevado cubierto. 


Esta entrada lateral puede resultar cómoda al ir en coche pero no es la más bonita, así que vamos a hacerlo ahora por la entrada sur, custodiada por dos guardianes legendarios, dos chinthe -mitad león, mitad dragón- de 9 m de altura. Todas las pagodas están custodiadas por dos figuras de animales, que suelen ser chinthes pero que en ocasiones se trata de otros.

Los chinthe tienen su historia, o mejor dicho su leyenda. Una princesa se enamoró de un león, del que quedó embarazada y dio a luz a un hijo; todos vivieron en la selva durante un tiempo, pero agotada de los peligros que entrañaba decidió volver a palacio para cuidar a su hijo. Fuera del palacio, el león estaba muy enfadado por el abandono, por lo se dedicó a sembrar el caos y la destrucción en la localidad. Cuando el hijo creció, bajo los auspicios de su madre y sin saber quién era su padre, buscó al león y lo mató para proteger a su pueblo. Cuando se enteró de su origen, y que por tanto había matado a su padre, como forma de expiar el gran pecado que había cometido mandó construir una estatua mitad león-mitad humano para proteger las pagodas. Desde entonces se cree que el chinthe protege la riqueza y atrae la buena suerte. 



Detrás de este animal hay una figura que más parece decoración de una feria, y es que el budismo y el hinduismo tienen una imaginería muy especial, muy colorida, y a nuestros ojos muy divertida. 


Desde los guardianes surge una pasarela techada con tejados a varias alturas, muy ornamentados en aleros y pináculos. 



Se puede caminar por el exterior, en la pasarela hay entradas/salidas laterales, o se puede caminar directamente por ella. Nosotros caminamos a última hora de la tarde por el interior, y lo que en teoría tenían que ser puestos de venta para comprar objetos relacionados con la parafernalia religiosa (imágenes de Buda, ofrendas, flores de papel o de verdad, libros…) estaban todos cerrados (es posible que las 17 o 18 h sea la hora de cierre de esos puestos, no de la pagoda). 


Es un pasillo largo con escalones largos en subida, hasta que finalmente se llega a una escalera clásica, al final de la cual hay una taquilla y un arco de seguridad. En la parte superior de las paredes hay paneles de madera con figuras y escenas grabadas. 


Por aquí entramos en nuestra segunda visita por la tarde-noche, enseñamos nuestras pegatinas (en realidad, solo la mía, la de mi pareja había desaparecido de su ropa) y nuestras entradas. Tras un rato de duda, nos dejaron pasar a los dos, supongo que ellos saben que ya la hemos visitado y que estamos repitiendo la visita por la hora que es, pero hacen la vista gorda; siempre podríamos haber dicho que íbamos en un tour, que preferimos guardarnos las entradas para este momento, o sencillamente, volver a pagar, que no pasa nada por ello, y que es lo que hubiéramos hecho si hubieran puesto algún inconveniente. 

En el último tramo de escaleras, a modo de pasamanos gigante un simpático cocodrilo con su sonrisa llena de dientes, camuflado entre las columnas. 


Tanto por esta entrada como por la pasarela aérea se llega a la plataforma donde se alza la estupa, pero no solo ella, también los templos, santuarios y un sinfín de pagodas y construcciones de diferentes tamaños, todo ello en un área aproximada de 5 hectáreas. Un detalle es que sobre el suelo hay una alfombrilla de plástico verde, que es útil tanto para los días soleados, cuando el mármol se calienta y abrasa las plantas de los pies, como para los días de lluvia, ya que el mármol es tremendamente resbaladizo, y hoy lo está, ha llovido durante la noche y allí están los charcos.

Estamos situados en la esquina sureste, junto a un árbol bodhi, un banyan sagrado, cuyas hojas tienen forma de corazón, y que se dice que procede de una rama del árbol original bajo el que Buda fue iluminado en la India. En el recinto hay otros árboles bodhi. 


Según la leyenda, hace 2500 años Tapussa y Bhallika, dos hermanos mon comerciantes de Okkalapa (hoy Yangón) conocieron a Buda en la India, y le regalaron unos pasteles de miel, en agradecimiento Buda se pasó la mano por la cabeza y les dio ocho pelos para que fueran consagrados en la misma colina donde estaban enterradas las reliquias de las tres reencarnaciones anteriores de Buda. En el camino de vuelta, el rey de Ajihatta les quitó dos pelos, y más adelante, el rey de Naga otros dos.

Al regresar presentaron las reliquias al rey, y al abrir el cofre, en su interior milagrosamente estaban los ocho pelos. Comenzaron a buscar el lugar sagrado, y tras varios años de búsqueda sin resultado, un espíritu nat llamado Sularata les ayudó, señalándoles la colina de Singuttara. Las reliquias se guardaron en cuatro cofres de rubíes (uno por cada Buda), y estos en una cámara, asegurando su cierre con una lápida de oro, y sobre ella se construyó una estupa de oro, que a su vez fue cubierta por una pagoda de plata, una de aleación de cobre y oro, una de bronce, una de plomo, una de mármol y al final una de ladrillo. ¡Que trabajera!

Paramos junto a una campana, y Myo nos incita a tocarla, así parece como un parque de atracciones budista más que un lugar religioso; se tiene que tocar tres veces, una por los espíritus, otra por la gente que vive y otra por los seres del inframundo. No es la única campana del complejo, hay otras junto a la pagoda y también al lado de cada templo por regla general siempre hay una. 


Junto a la campana hay un mapa con los lugares importantes del conjunto. 


La estupa hay que recorrerla en el sentido de las manecillas del reloj (creo que este acto recibe el nombre de let ya yit) y se debe realizar el recorrido tres veces. Con Myo de guía nos dejamos llevar, estamos en toma de contacto, a ver cómo se desenvuelve él y como lo hacemos nosotros; y como nos perdemos muchos detalles y lugares que nos apetece ver, y además nos gustaría verla al atardecer y por la noche con su iluminación, al final de esta visita, Myo nos da las entradas, nos dice que nos quedemos con las pegatinas en nuestra ropa, y que así podremos entrar de nuevo sin problemas, que es lo que haremos.

Frente a nosotros, la estupa o zedi, de 99 m de altura y a pesar de la antigüedad atribuida por la leyenda de 2500 años, los arqueólogos sugieren que la original fue construida entre los siglos VI y X. El rey Anawrahta de Bagan visitó la pagoda en el siglo XI, y los reyes de Bago a mediados del siglo XIV, elevando su altura hasta los 20 m. Como en muchas otras payas del país, Shwedagon ha sido reconstruida varias veces ya que ha sufrido varios terremotos, y en cada reconstrucción su estupa se hacía más alta. La forma actual data de 1769, tras el terremoto de 1768. 


En el siglo XV comenzó la tradición de dorar la estupa, ya que la reina Shinsawbu destinó una cantidad de oro equivalente a su peso para este menester; su yerno, Dhammazedi, ofreció el cuádruple de su peso y el de su mujer. Con ello se comenzó la tradición, y los birmanos budistas entregan sus joyas para ser convertidas en láminas de oro que luego se aplican sobre la pagoda para mantenerla siempre en perfecto dorado. Se entiende su sobrenombre de la pagoda de oro.

Las tropas británicas ocuparon el complejo en 1824, y de nuevo en 1852, saqueándolo, permaneciendo bajo control militar hasta 1929. Durante el siglo XX, fue el lugar de una gran actividad política para el movimiento independentista. En 1931 sufrió un gran incendio, y un pequeño terremoto en 1970. 



La estupa se eleva sobre una base cuadrada de 6.4 m de altura, y sobre ella hay tres terrazas octogonales, que llegan a los 26,5 m; esta forma octogonal es reflejo de los ocho días de la semana birmana (que más adelante conoceremos mejor): Las terrazas orientadas a los cuatro puntos cardinales tienen un corte recto, y las restantes tienen forma de sierra; estas terrazas son las que resuelven el problema de pasar de una base cuadrada a la forma circular de la estupa. A continuación hay cinco anillos circulares y a partir de aquí los elementos arquitectónicos o decorativos se suceden: la campana, una cenefa, un cuenco tibetano invertido -con decoración de 16 flores de loto-, siete anillos, una flor de loto invertida, un anillo decorado con figuras redondas, una flor de loto en su posición normal y una pieza en forma de bulbo. Los pétalos de flor de flor de loto y el bulbo están recubiertos por láminas de oro, más de trece mil, de 30 cm2 cada una; y los elementos más bajos están revestidos de laminas de oro menos robustas. 

La estupa termina rematada por el hti, remate decorativo con forma de paraguas, que fue un regalo enviado en 1871 por el rey Mindon Min de Mandalay. El hti es de hierro y está recubierto de oro, pesando más de cinco toneladas. Del nivel superior sale el eje del que cuelgan 4.016 campanas de oro, campanas que al moverse con el viento producen un dulce sonido. Arriba, la veleta, chapada en oro y plata, tiene 1.100 diamantes engarzados más otras 1.383 piedras preciosas. La veleta está coronada por el globo de los diamantes, una esfera hueca dorada con 4.252 diamantes, unos 1.800 quilates, y sobre el globo hay un diamante de 76 quilates. A mí estas cifras y joyas me apabullan, más cuando están tan lejanas a la vista, aunque mejor así, lejos de la vista y de las manos. 


Fotografías de fotografías de la veleta y de su globo para poder apreciar sus formas y joyas, fotografías que se pueden ver en una sala donde se cuenta la historia de la pagoda.



La estupa está rodeada por innumerables estupas doradas más pequeñas, en total 64, hay cuatro de mayor tamaño en los puntos cardinales, y cuatro de tamaño mediano en las esquinas. Unas escaleras llevan a la terraza de la estupa, y así pasear entre estas estupas pequeñas, pero se tiene que tener permiso para hacerlo, además solo pueden hacerlo los hombres; nosotros no vimos a nadie hacerlo. 


En el interior de las estupas hay estatuas de buda, y en su exterior una infinidad de imágenes y detalles con los que te puedes distraer todo un día. 



Una de estas figuras es la de un Brahma con un niño entre sus brazos, al que las parejas acuden a pedir descendencia. 


Entre las estupas se encuentran los llamados puestos planetarios -un zodiaco budista-, que se corresponden a los días de la semana en que se nace, que curiosamente son ocho, ya que el miércoles se divide en mañana y tarde, ya que hay ocho direcciones (Norte, Sur, Este, Oeste, Noreste, Noroeste, Sureste y Suroeste) y solo siete días. Para complicarlo más, solo se conocían siete planetas, así que se tuvo que inventar uno, más bien acoplarlo de otra cultura. 

Para los birmanos es más importante el día de la semana que el mes o el año, ya que este día determina el carácter, las incompatibilidades personales, como por ejemplo a la hora de contraer matrimonio, y lo que es más curioso y extraño, también marca cuando lavarse el pelo o cortarse las uñas. Cada día además tiene unas letras vinculadas, de modo que la inicial del nombre de los birmanos ha de ser una de estas letras; también tiene asociado un color, el Buda que lo protege… toda una parafernalia.

En la parte superior de estos puestos planetarios, la figura de un pequeño Buda, y a ras de suelo, el animal representativo del planeta. En este caso estamos ante el elefante sin colmillos, de los nacidos en miércoles por la tarde, regidos por el planeta Rahu, de la astrología hindú, al que se considera causante de los eclipses, que es el planeta invasor en este caos de direcciones, planetas y días. 



Myo nos entrega dos sobres, una para cada uno, con información sobre nuestros puestos planetarios (¡que detalle!, ¡gracias!), aunque ya veníamos con la lección aprendida.

Se realiza un ritual en el puesto: al Buda se le tienen que echar tazas de agua (“lavar al Buda”), tantas como años se tienen (en la actualidad, para los turistas principalmente, vale con tres tazas, que si no se puede montar una verbena y una cola tremenda, aunque vimos pocos turistas hacerlo), y cinco tazas al animal. Acto que realizamos por aquello de mantener las tradiciones, y porque yo soy muy dada a estos curiosos y extraños actos de fe. 


En las pagodas más visitadas los puestos están nombrados en birmano y en inglés, pero una vez que sabes tú animal es fácil encontrar tu puesto (más o menos, porque el mío tiene su dificultad, con lo que mejor seguir el orden, que es más fácil, porque la figura a mí me lleva a confusión, que si cobaya, que si rata). Se pueden encontrar dos nacidos en el mismo día y coordinar las acciones: mientras uno lava al Buda, otro puede lavar al animal, todo coordinado. 


Él ha nacido en sábado, día que se considera de mala suerte (¡pues vaya mala suerte!), y los nacidos este día acuden con gran devoción para intentar contrarrestarla; su animal es  la serpiente, y su planeta, el sábado. Ella ha nacido en viernes (así que ¡no somos compatibles!), su animal es el conejillo de indias y su planeta Venus. 


En el conjunto de la pagoda, como ya he mencionado, hay innumerables templos, santuarios, tazaung (pabellones pequeños), estupas, que tienen diferentes estilos arquitectónicos y decoración, y en todos ellos estatuas e imágenes de Buda, innumerables lugares y detalles. Si eres de los que le gusta conocer y disfrutar de todo con tranquilidad, lo mejor es una visita por la tarde, cuando todavía hay luz (y si tienes suerte con sol deslumbrante aunque sea incómodo), y perderse por todos los rincones, porque hay que salirse del círculo central para llegar a todos los sitios, no solo mantenerse en la alfombra verde que parece marcar el recorrido, para luego esperar el atardecer (si hay suerte y lo hay) para llegar a la noche con la pagoda iluminada. 




Las figuras de Buda se encuentran por todas partes, todos tienen su nombre, su significado, su historia, pero como me pierdo con todos ellos, solo pongo fotografías de algunos de ellos. La modernidad mal entendida ha llegado, y muchos de ellos están adornados con luces en sus coronas o halos, y estas luces de colores a mí me parece que le quitan espiritualidad al tema (lo mismo vimos en Vietnam, como en la pagoda de Vinh Trang, en el delta del Mekong, que parece que es una moda que se extiende como un virus), aquellos Budas que están recónditos, en lugares no accesibles, tienen su "canal de televisión" para poder verlos mejor. En ocasiones, cuanto más dorado es el Buda más “propiedades” o importancia tiene, pero no es una regla general. 









En una de las salas de oración hay un Buda reclinado de 8 m de largo, que lógicamente impresiona, aunque todavía nos queda mucho país para conocer y para sorprendernos e impresionarnos, y no solo con el tamaño. 


No faltan figuras de elefantes blancos, que son considerados símbolos de paz, suerte y salud. Y un elefante al que conocimos en Camboya (en la terraza de los Elefantes y en el templo del Bayon en el la ciudad de Angkor), Erawan o Airavata, el elefante de tres cabezas. 



Hay un lugar muy especial en el complejo, principalmente por la tranquilidad y espiritualidad que se sentía, aparte de por la bella vista de la estupa principal. Se trata del lugar donde se cumplen los deseos, con una estrella dibujada en el suelo; con el atardecer los fieles van llegando y se sientan frente a la estupa en silencio, con un recogimiento total.


En uno de los pabellones está el pozo de la Reliquia del Cabello (Hsandawtwin), pozo que tiene agua del río Irrawaddy, y que es el lugar donde se lavaron los pelos de Buda antes de guardarlos en los cofres de la estupa. El pozo fue protegido por una estructura de ladrillos que luego fue decorada con mosaicos de cristales. 


Una construcción es diferente a todas las demás, está inspirada en el templo de Mahabodhi de Bodhgaya, en la India. Nos parece algo más “serio” (no quiero que se malinterpreten mis palabras), porque es menos colorido que los templos hindúes que conocemos y que conoceremos. 



La curiosa pagoda Htidaw, que a nosotros nos recuerda a un palomar, cuyo paraguas ornamental (el hti) original fue un regalo del rey Mindon en 1871, pero estaba muy deteriorado y se sustituyó por el actual. En su interior hay unas bonitas estatuas de Buda en madera. 



Un pabellón de tejados escalonados y dorados alberga la campana Maha Titthadaganda, donada en 1841 por rey Tharrawaddy Min, de 24 toneladas de peso. Intentamos encontrar unos loros verdes de pico rojo que hay entre las volutas pero no fuimos capaces de verlos, a lo mejor no miramos donde debíamos. Lo que sí se ve con claridad son los dragones de las columnas, como para no fijarse en ellos con ese tamaño y ese fulgurante dorado.



Otro pabellón alberga la campana Maha Ganda, de 42 toneladas de peso, que fue donada por el rey Singu en 1778. Los británicos intentaron llevársela a Inglaterra tras la Primera Guerra Anglobirmana en 1825, pero se les cayó al río Yangón cuando intentaban transportarla, y tras varios intentos sin resultado la dejaron allí, diciendo a los birmanos que podían quedarse con ella sin conseguían sacarla del río. Los birmanos colocaron troncos y bambúes bajo la campana hasta que esta terminó flotando en la superficie, y la colocaron en su lugar. Eso cuenta su historia. 


Entre tanta religiosidad hay un monumento conmemorativo de la revuelta realizada en 1920 por 11 estudiantes universitarios contra el dominio británico; las palabras de homenaje están escritas en cuatro idiomas. 


La estupa de los ocho días, con ocho hornacinas y el animal planetario. 


En la esquina noreste, hay que “callejear” entre templos y pabellones, está la inscripción Dhammazedi, de 1485, que cuenta la historia de Shwedagon en tres idiomas: pali, mon y birmano. Por su valor histórico está protegida por cristales. 


La estupa mayor dorada, Naungdawgyi, construida en el primer emplazamiento de la reliquia de los cabellos, antes de ser trasladados a la gran estupa, y que se cree que hay un pasadizo entre ambas, que llega hasta la cámara donde se guardan los cofres. 


Con la entrada dan un folleto y un mapa que sirven de gran ayuda, pero aquí tenéis una página en la que encontrar información sobre la pagoda y sus lugares:


El escritor Rudyard Kipling escribió sobre esta pagoda: “…es un misterio dorado… una hermosa maravilla pestañeante…”, y creo que está dicho todo, en Myanmar veréis infinidad de pagodas, muchas os gustarán, muchas os asombrarán, otras es posible que no os gusten demasiado, pero Shwedagon es especial por tamaño y esplendor visual. 


Por último, una relación de los puestos planetarios por si queréis saber vuestro planeta y vuestro animal:

Lunes – Luna – Tigre

Martes – Marte - León

Miércoles por la mañana – Mercurio – Elefante con colmillos

Miércoles por la tarde – Rahu (planeta ficticio hindú) – Elefante sin colmillos

Jueves – Júpiter – Rata

Viernes – Venus – Conejillo de Indias

Sábado – Saturno – Naga (serpiente)

Domingo – Sol – Garuda (pájaro hindú, montura de Visnú