20 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Colina de Mandalay

Una amplia visión

Desde Sandamuni Paya y Kyauktawgyi Paya vamos al lugar de la última visita del día, la colina de Mandalay, situada a 230 m sobre el nivel del mar. Después de haberle dado vueltas durante todo el día  (y también preparando el viaje), optamos por el camino fácil, que es el que tiene nuestro guía como establecido, ascender en coche hasta más o menos la mitad y desde allí terminar de subir por unas escaleras mecánicas, rechazando el subir a pie los cientos de escalones, y con ello nos perderemos varios santuarios y estatuas que hay en el camino, sobre todo una estatua de Buda curiosa, con una mano extendida señalando con el dedo el lugar en el que Buda profetizó que iba a erigirse la futura capital del país. 


Así llegamos a la parte más alta de la colina, donde hay una amplia terraza alrededor del complejo de una estupa, Sutaungpyai Paya (no, no podía ser un simple mirador estando en Myanmar, tiene que haber una pagoda). 



La pagoda tiene todos los elementos típicos, marcando su decoración los mosaicos de cristales. Lo primero es saludar a la imagen de Buda. 


Damos una vuelta por la terraza, viendo la campana, los puestos planetarios, los depósitos y cuencos para beber agua, su decoración… 




La estupa principal con su hti. 


En un pabellón casi colgado de la montaña, están las figuras de una pareja de serpientes, representando a las que tentaron a Buda y no lo consiguieron. Las serpientes están rodeadas de ofrendas alimenticias y de flores. En la boca les introducen dinero (es todo como muy psicodélico o surrealista), ya que le suelen pedir deseos y si son concedidos, todo vale en agradecimiento. 




Vamos con las vistas, que en realidad es la razón principal de haber subido a la colina, con el fondo del río Irrawaddy y pequeñas montañas de fondo. 





A los pies de la colina hay un buen campo de golf, y la ciudad. 


Se tiene una visión del parte del foso que rodea el complejo del palacio real, un inmenso jardín con algunos edificios cuyos tejados despuntan con su color rojo entre el verde. 



El mundo pagoda, estupa, santuario, templo, monasterio; el mundo de "picos" dorados en Myanmar. 


Otra de las razones para subir a la colina es contemplar el atardecer desde esta posición, pero todavía es temprano, por lo que tendríamos que esperar bastante hasta su llegada; la alternativa sería quedarnos aquí y luego bajar andando para terminar contratando un taxi -o moto- que nos llevara al hotel. Decidimos que nos vamos con Myo, que es más fácil y cómodo –además nuestras chanclas se han quedado en el coche-, aunque con ello nos perderemos un interesante paseo por la colina, pero tampoco vemos que el atardecer y las nubes estén colaboradores como para tener un bonito espectáculo como recompensa. 

Si no bajamos andando, la alternativa es el ascensor ya que no hay escaleras mecánicas de bajada. Dejamos pasar el primero porque se llena de gente y no soy capaz de entrar (al final me veo a pie). Myo no me está tomando en serio, se piensa que mi claustrofobia es una tontería, pero cuando montamos en el segundo que va a bajar, de repente se empieza a llenar de gente, y mi cara se cambia sola, se queda pálida con un rictus de agobio, por lo que mi marido, como siempre, hace de mi ángel protector, y Myo se queda preocupado por mí. En fin, que lo puedo superar está claro, porque no me desmayo ni grito (si voy mentalizada, como en los miradores de New York por ejemplo, sin ser fácil me es más asequible), pero si ese ascensor se llega a quedar parado no sé qué pasaría conmigo y con los que van dentro del ascensor. 



El día ha sido largo, recordar que nos hemos levantado a las cuatro de la madrugada para tomar un vuelo desde Yangón, así que aprovechando la luz de la tarde nos quedamos en la la piscina del hotel a darnos un refrescante chapuzón y a descansar hasta que la noche lo oscurece todo, que es hora de ir a cenar.  

 

18 de abril de 2018

Myanmar - Sandamuni Paya - Kyauktawgyi Paya

Un Buda, dos Budas

En la zona donde están situados Shwenandaw Kyaung, Atumashi Kyaung y Kuthodaw Paya hay otros monumentos visitables que no estaban programados, así que le pido a Myo si podemos ir, y asiente, tenemos tiempo para hacerlo, así nosotros conocemos más y nos evitamos tener que buscarnos la vida para el transporte. El primero de ellos es Sandamuni Paya, a la que se accede por el típico pasillo techado. 


Como en un bucle visual volvemos a adentrarnos en un laberinto de estupas blancas coronadas con htis dorados, que se van expandiendo a partir del pasillo, como en Kuthodaw Paya. En la segunda fotografía, al fondo la colina de Mandalay, con sus santuarios y su estupa.



Tal como ocurre en la mencionada Kuthodaw Paya, alojadas en las estupas hay losas de mármol en las que están grabados comentarios del Tripitaka, las enseñanzas budistas, y aunque tiene un mayor número de estupas y losas, es llamada el “volumen 2 del libro más grande del mundo”. 



Más que las estupas y sus losas, son más importantes las de Kuthodaw Paya y por eso están protegidas por verjas, en esta pagoda se venera una imagen de hierro de Buda, la más grande realizada en este material en Myanmar, encargada en 1802 por el rey Bodawpaya, transportada en 1874 desde Amarapura, fecha en la que comenzó la construcción de la pagoda. A partir de este momento la estatua comenzó a cubrirse con oro, aunque no ha llegado a convertirse en una masa deforme como la figura de Mahamuni Paya.

El pasillo de acceso y las paredes del santuario donde está la estatua están cubiertos por mosaicos de cristal, que hoy aprendemos que no le gustan a nuestro guía (parece que somos todos algo más clásicos). 



La pagoda fue construida en el lugar donde estuvo situado temporalmente el palacio del rey Mindon Min mientras se construía el palacio de Mandalay. El rey Mindon llegó al poder tras el derrocamiento del rey Pagan Min, contando con la ayuda de su hermano menor, Kanaung. En 1886 Kanaung fue asesinado durante una revuelta promovida por dos de los hijos de Mindon, descontentos por no ser los primeros en la línea sucesoria. La pagoda se construyó en memoria de Kanaung, en el lugar donde fue asesinado junto a sus tres hijos, siendo todos enterrados aquí, aunque a principios de la década de 1990 las tumbas fueran trasladadas a un mausoleo. 


Se puede subir a la primera terraza de la estupa -que no es la estupa- ya que está construida en alto, para tener una mejor visión del mundo de estupas blancas a nuestro alrededor, y realmente es una maravilla lo que vemos. 




El último de los lugares por esta zona es Kyauktawgyi Paya, al sur de la colina de Mandalay, construida en 1878, donde se mezclan los mosaicos de cristales con el dorado. 


Unos guardianes custodian los pasillos de entrada. 


No paseamos por el complejo como en otras ocasiones, seguimos a Myo en su caminar, pasando por pasarelas, entradas y entre más guardianes custodiando el complejo. 




Hasta que llegamos al pabellón que alberga una imagen de Buda sentado de 8 m de altura, con un peso de 900 toneladas. 


La imagen fue tallada durante tres años en un solo bloque de mármol, bloque que fue extraído de las cercanas minas de Sagyin, y tenía unas medidas tan espectaculares que fueron necesarios trece días para que 10.000 hombres lo transportaran. Fue terminado en 1865. 




Lógicamente hay más estupas, más pabellones, más imágenes en este complejo, pero decidimos que en esta ocasión nos es suficiente con haber visto al Buda, ya que esta visita no estaba programada y agradecemos a Myo su colaboración, pero todavía queda una visitar por hacer, y su salario -ni el del chófer- no incluye que esté todo el día con nosotros a merced de todo lo que hay para ver en la ciudad, que no terminaríamos nunca. 

 

16 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Kuthodaw Paya

El libro más grande del mundo

No muy lejos de Atumashi Kyaung y de Shwenandaw Kyaung, se puede llegar caminando fácilmente porque la distancia es corta -bueno, no tan fácilmente porque a estas horas de la tarde hay un sol de justicia y el calor es atroz-, se encuentra Kuthodaw Paya, con una entrada muy colorida y alegre. El lugar está incluido entre los lugares Memoria del Mundo de la Unesco.


Sigue la estructura de todas las pagodas, desde las cuatro entradas orientadas a los puntos cardinales, parten pasarelas techadas que se cruzan en el centro, algunas con más decoración que otras, utilizando los mosaicos de cristal. Nosotros entramos por la entrada sur. 



Los pasillos están decorados con pinturas en su parte superior, pero lo más destacado, al menos para nosotros, son sus puertas de madera labrada. 


A ambos lados de los pasillos surge un mundo infinito de pequeñas estupas blancas, que es como adentrarse en un mundo fantástico de paz, con la ventaja añadida de ser pocos los visitantes, porque en días y horas punta puede romperse toda la magia del lugar. El complejo tiene forma cuadrangular y sinceramente dan ganas de perderse entre sus pasillos y que el tiempo corra. 




El blanco de las estupas es roto por el verde de los árboles plantados en los pasillos de separación entre las filas de estupas, lo que además proporciona sombra y frescor. 



Cada una de estas estupas blancas, 729 en total, que reciben el nombre de Dhamma -que significa “cueva”-, contiene una losa de alabastro de 1,52 m de largo, 1,06 m de ancho y 0,15 m de espesor; en estas losas se ha grabado el Tripitaka, los quince libros que componen este canon budista, para lo que fueron necesarios más de doscientos redactores, siendo por tanto “el libro más grande del mundo”.

El Tripitaka está compuesto de tres partes, cuya traducción del pali es “tres canastas”, que corresponden a los textos de Sutta Pitaka (cesto de disciplina), Vinaya Pitaka (cesto de discursos) y Abhidhamma Pitaka (cesto de enseñanzas adicionales). Nuestro primer conocimiento de este libro budista la tuvimos en el viaje a Corea del Sur, donde visitamos el famoso templo de Haeinsa, donde el Tripitaka está escrito en 81.258 tablas de madera, que además fue impreso con una técnica anterior a la invención de la imprenta. En número, la superioridad es de las tablas de madera contra las losas de piedra; pero las primeras son mucho más pequeñas que las segundas en tamaño.

La importancia histórica y cultural de estas losas hace que las estupas, que están numeradas, estén protegidas por vallas. La estupa 730 cuenta como se realizó este libro de piedra. 


Originalmente las letras labradas en las losas estaban bañadas con oro, pero los británicos las robaron, así como las joyas y las gemas del hti de la estupa principal. Muchas de las tablas son reconstrucciones, ya que muchas de ellas se perdieron igualmente durante la época colonial británica, ya que las utilizaron para la construcción de carreteras (que manía tenemos por no respetar nada). 


Se ha calculado que leyendo una media de ocho horas diarias, una persona tardaría 450 días en leer este libro en piedra. El rey Mindon convocó el Quinto Concilio Budista en 1871 y empleó a 2.400 monjes para que en turnos sin descanso lo leyeran, tardando en esta tarea seis meses. 


Entre las estupas un perro a la sombra descansando; en Shwenandaw Paya era un gato el que lo hacía. Teniendo en cuenta nuestros pies descalzos, nos produce cierta sensación incómoda pisar, pero a todo se acostumbra uno, lo importante es llevar toallitas limpiadoras por si hicieran falta. 


Volvamos al pasillo, al final del cual hay un santuario con una estatua de Buda, con un halo de luces de neón. 


Lo importante de esta paya está claro que son las estupas blancas y sus losas, pero hay mucho más, así que hay que salir a explorar el complejo. 


La construcción de la pagoda comenzó en 1857 por el rey Mindon, al tiempo que comenzaban las obras del palacio real, y fue realizada a imitación de la Shwezigon Paya de Nyaung U, en Bagan. Alcanza los 30 m de altura (según otras fuentes 57 m, pero no me parece tan alta). 


Curiosas y hasta teatrales son las figuras que custodian las escaleras de acceso a la estupa. 


La estupa está rodeada por los clásicos puestos planetarios


Entramos por algunos de los pabellones del complejo, para descubrir más imágenes de Buda en ellos. 


En uno de estos pabellones nos encontramos con la figura de Skinny Buda (mejor trabajo que el que vemos de camino al hotel, aunque resulta algo tétrico) y con las huellas de Buda. 




En la pasarela de entrada, cerca del cruce de los cuatro tramos, hay una maqueta del complejo; se puede ver la estructura, con la estupa central, los cuatro pasillos que conducen a ella, y las estupas blancas que la rodean. 


Durante el paseo por el complejo tuvimos la oportunidad de ver cómo se fábrica de forma artesanal la crema de thanaka para protegerse del sol, directamente con la corteza del árbol.