24 de junio de 2016

Uzbekistán - Bukhara - Madraza Mir-i-Arab - Mezquita Kalon - Minarete Kalon - Madraza Amir Olimxon


El rincón con encanto de Bukhara

Desde la plaza en la que se sitúan la madraza de Ulugbek y la madraza de Abdul Aziz Khan volvemos hacia atrás, hacia el bazar Toki Zargaron

 
Destaca este ángulo de visión destaca el juego de cúpulas del bazar y el siguiente complejo de monumentos que visitaremos, destacando un minarete. 

 
Atravesamos el bazar aprovechando su juego de entradas y salidas, momento en el que aprovechamos para realizar la compra de un cd de música, y al salir caminamos hasta llegar a otra amplia plaza, la plaza Registan, donde hay una madraza, una mezquita y un minarete -ambos forman el complejo Poi Kalon-. 


Plaza por la que pasaremos en dos ocasiones (que podrían ser tantas noches como se pernocte en la ciudad), buscando el atardecer en sus fachadas, para disfrutar de sus tonalidades doradas y cobrizas y quedarnos sobrecogidos en ella, ¡luces y acción!

 
A la izquierda, la madraza Mir-i-Arab, que recibe el nombre de un jeque de Yemen que tenía una fuerte influencia en Ubaidullah Kan. Destacan su fachada azul y sus cúpulas turquesas. 



La madraza presenta un formidable pishtaq de entrada, forrado de azulejos azules y verdosos, con tonos dorados, que resplandecen con la luz del sol. 




La actividad docente de la madraza es muy prestigiosa en el mundo islámico, siendo la única que permaneció activa durante los setenta años de ocupación soviética, razón por ello no es visitable, con lo que nos quedamos con la poca visión hasta donde pudimos entrar. En ocasiones (supongo que dependiendo de la habilidad del guía o visitante y del billete entregado) se puede acceder a las tumbas de Mir-i-Arab y de Ubaidullah Kan, que están enterrados bajo una de las cúpulas. 



Frente a la madraza, la mezquita Kalon y su minarete. La mezquita fue construida en el siglo XVI en el lugar de otra mezquita que fue destruida por Gengis Kan. 



La mezquita está unida por un paso al magnífico minarete Kalon, erigido en 1127 por Arslan Kan, de la dinastía Karajánida, que fue el minarete más alto de la región con sus 47,10 m de altura. Kalon significa grande en tayiko. Cuenta con una cimentación de 10 m, incluyendo cañas apiladas como una forma arquitectónica temprana para soportar los terremotos. Era conocido como la torre de la muerte ya que los delincuentes condenados eran arrojados desde él, y especialmente, a Nasrullah Kan le encantaba tirar a aquellos que le desafiaban. 

Una leyenda cuenta que Arslan Kan mató a un imán tras una discusión, y esa noche tuvo un sueño en el que el imán le decía: “tú me has matado, ahora coloca mi cabeza en un lugar que nadie pueda pisar”, y sobre su tumba se construyó el minarete. 

La teoría es que se podía subir al minarete tras 105 escalones, pero vimos la puerta tan cerrada, y que nadie estaba en él, que ni siquiera preguntamos la posibilidad de hacerlo. 


Se cuenta que la grandeza del minarete impresionó tanto a Gengis Kan que no ordenó su destrucción. Fue el primer monumento de la región donde comenzaron a utilizarse los azulejos azules como decoración, que dos siglos más tarde empezaron a estar omnipresentes en las grandes obras de Asia Central; aunque creemos que ante la bonita factura labrada de la piedra no es necesario adornarla de ninguna manera. El minarete también era utilizado como faro, la luz de su fuego guiaba a las caravanas a través del desierto cuando les sorprendía la noche o una tormenta de arena. 


Entramos a la mezquita, que presenta un estupendo y azulado pishtaq de entrada. Durante la época soviética fue utilizada como almacén, reabriendo como lugar de culto en 1991. 


La entrada es diferente a todas las mezquitas visitadas hasta el momento, al principio se baja por unas escaleras y se entra en un amplio rellano con arcos y bóvedas de cal blanca, donde se encuentra el controlador de entradas. 



Tras ello se entra a un amplio patio, con los clásicos cuatro pishtaq o arcos ricamente decorados. La mezquita tiene una capacidad de 10.000 fieles, lo que da idea de sus dimensiones. 



Impresionante resulta el conjunto visual de madraza Mir-i-Arab, la propia mezquita y su minarete.


En el patio hay una construcción atípica hasta el momento, tiene forma octogonal, y nuestro guía nos dice que es un monumento a las víctimas de Gengis Kan, información que yo tomo con precavido recelo y la transmito con el mismo. 


La mezquita como tal tiene una cúpula azul turquesa, coronada por supuesto con una media luna. 


Entramos a la sala de oración donde se encuentra el mihrab y el minbar. 



Cuando emprendíamos el camino de salida de la mezquita, las mujeres de un grupo de visitantes, creo que uzbekos por sus rasgos, me agarran del brazo y me llevan con ellas. Yo pensaba como suele ser normal en estos casos que era para hacerles una fotografía, y pedirlo al hombre no sería educado, por lo que yo intento ejercer de intermediaria para que sea mi marido el que se la haga, pero me llevo una gran sorpresa, ¡quieren una foto conmigo!, pero también con los turistas extranjeros que están allí en ese momento, por lo que uno de los jóvenes del grupo los va captando. Mi marido se zafa del momento fotógrafo para que nosotros podamos tener el mismo. Una situación y anécdota similar nos ocurrió con unas coreanas en Australia, durante la visita a los Doce Apóstoles, que querían la foto de recuerdo con española incluida. 


Salimos nuevamente a la plaza, al fondo de la cual se sitúa la madraza Amir Olimxon