26 de junio de 2017

Costa Rica - Arenal - Hotel Nayara Springs



Bajo el volcán

El hotel de La Fortuna/Arenal fue un capricho que nos concedimos, ¡y gracias a Dios!, porque nos vino muy bien la tranquilidad que encontramos en él, ¿habría tenido una premonición sobre nuestra condición física al reservarle? Su nombre, Nayara Springs, y nuestra elección es una de las villas en las que solo pueden alojarse adultos (lo sé, suena feo, pero esto es una elección que debería contemplarse sin problemas ni traumas por los que tienen niños). El hotel está dividido en dos partes, una de villas en las que pueden alojarse niños (no están estigmatizados) y la zona nuestra. 

Como nos alojaremos en una de las villas de la parte superior, la recepción de la entrada no nos corresponde, por lo que con un carrito tipo golf nos llevan con nuestras maletas hasta la recepción en la que nos atenderán. Todo muy “cool”, pero esto del carrito no nos convence porque se monta un atasco entre los que suben y bajan que al final tardas mucho en el traslado, aunque claro, con maletas es totalmente necesario. 

Junto a la recepción de abajo se encuentra el restaurante Altamira, donde se sirve el desayuno tipo buffet (al que nunca acudimos, pudiendo disfrutarlo en el oasis de nuestra villa), y por supuesto comidas y cenas. Solo en una ocasión estuvimos a punto de comer aquí, pero finalmente lo cambiamos por otro lugar, en el que salíamos ganando a nuestro parecer. 


Las instalaciones y villas del hotel se reparten entre un jardín bien cuidado sobre un bosque maravilloso. Esto es el Edén. 


Subamos en el carro de golf y comencemos el paseo. Este es el punto en el que solo pueden entrar adultos, y aunque no vimos niños nunca por aquí, hay un cartel que lo anuncia y que además señaliza varios de los lugares del hotel: restaurantes, spa…


Hacia la derecha de esta intersección se encuentra el spa de entrada general, para todos los que se alojan en el complejo, que es un lugar de paz, donde recibir masajes y recuperarse de las excursiones o del stress que llevamos del año. 


Hay un jacuzzi exterior no demasiado grande, pero suficiente, porque aquí se atiende por cita y no puede haber overbooking en él. 


El spa cuenta con dos habitaciones de masaje, que se pueden dar en pareja, todo muy romántico. Uno de ellos cuenta con un jacuzzi exterior, más privado. 



A continuación, entrando a partir de aquí en la zona solo adultos, un puente sobre el bosque, ¡impresionante!, donde si te paras y esperas al final verás un lindo pajarito posado o un ave más grande...


En esta naturaleza semicontrolada, vemos una mariposa búho, a las que ya conocemos, nuestro primer encuentro con ellos creo recordar que fue en Ámsterdam, en el Hortus Botanicus. 


O sencillamente disfrutar del bonito colorido de las heliconias, que también reciben el bonito nombre de ave del paraíso


Llegamos a recepción, donde nos ofrecen una bebida, pero dado mi cuerpo de jota, aunque afortunadamente ya no es jota mayúscula sino minúscula,  me decanto por una botella de agua. Nos dan información de las instalaciones, restaurantes, horarios…todo muy amable y con muchas sonrisas, pero no exagerado. Junto a recepción se encuentra la zona de spa de estas villas, pero no pudimos visitarlo porque estaba ocupado cuando fuimos a preguntar por él, y también hay un espacio donde por las mañanas temprano se practica yoga, aquí hay que relajarse sí o sí. Por último, nos dan una invitación para tomar un cóctel de bienvenida, pero dado mi cansado estado tuvimos que pasar de él. 


Las maletas se fueron por su cuenta a la villa, y a nosotros nos acompañan hecho los trámites en recepción a ella, la número 35, que no está demasiado apartada de la vida del complejo, porque hay otras que están más lejanas y que si necesitan seguramente el uso del carrito de golf para desplazarse.  


Junto a la villa hay un pequeño estanque en el que por las noches sale a saludarnos un amigo, un pequeño sapo toro, al que creemos reconocer por su cantar y forma, gracias a haberlo visto durante la excursión nocturna en los alrededores del hotel Manatus de Tortuguero.


El camino por la noche está justamente iluminado, pero esto también forma parte del romanticismo del lugar (aparte de que a menos luz menos atracción de insectos). 


En la villa tenemos el detalle de una cesta de frutas, disponemos de una buena wifi, y lo que es más sorprendente es que tenemos llamadas internacionales sin cargo (es la primera vez que nos encontramos con este servicio en un hotel, aunque no funcionó muy bien, porque la comunicación no era fluida precisamente). 


Descubramos los ¡139 m2 de villa!. En el dormitorio una cama tamaño king con mosquitera, una zona de estar y un escritorio.  


Una gran puerta cristalera da acceso a la terraza, un pequeño patio propio. 


En la terraza la pieza clave es el jacuzzi de agua termal, puro lujo al que te acostumbras en un momento. Hay que recordar que estamos en la zona del volcán Arenal, y que esta zona es famosa por sus aguas termales, Sin ser de spas y jacuzzis por regla general, en esta ocasión lo utilizamos a todas horas, por la mañana temprano (seis de la mañana o antes), antes de comer, por la tarde, por la noche antes de acostarnos… todo el día a remojo aprovechando que lo tenemos, y para nosotros solos. Todas las villas de Nayara Springs tienen su propio jacuzzi, no así las del gemelo hotel Arenal Nayara, y tal es el éxito de las primeras que están ampliando su número. 



En la terraza además hay una cama balinesa, para reposar del baño. 


También hay una hamaca, y una mesa con sillas, donde disfrutamos de los desayunos, no echábamos en falta el buffet, que sería más calórico pero menos gratificante. 



Además, durante el baño de la mañana o durante el desayuno siempre teníamos una dulce compañía, el aleteo sin cesar de unos bonitos y coloridos colibríes succionando en las heliconias. 


Hacia el otro lado del dormitorio está el amplio baño, concebido todo el concepto como un loft, ya que la pared de separación, que corresponde a los armarios, no llega al techo. En primer lugar, la zona destinada a él, con su lavabo y su armario, y al fondo, la zona destinada a ella, con su armario, una encimera más amplia, espejo de aumento con luz, secador, todo lo necesario para arreglarse. Quizás lo extraño es que es en esta zona femenina donde se ha instalado el minibar, la cafetera y los snacks, todos a nuestra disposición sin cargo. 



Entre ambas zonas, la increíble ducha, una doble ducha con dos alcachofas independientes (¡madre mía!, esto de no tener que esperar a terminar uno o darse de codazos en la ducha es un lujo de verdad). Por supuesto tiene doble entrada. 


Y también con doble entrada, cada uno desde su zona, la ducha exterior, la más coqueta de todas las que hemos tenido durante este viaje (han sido tres con esta, en el hotel Manatus), también con doble alcachofa, y donde también hay botes de gel, champú y acondicionador (nada de pequeños botes o pequeños sobres con los que te puedes quedar a medias, preciosos botes de cerámica). 


Vamos a seguir conociendo las instalaciones del hotel. Junto al restaurante Altamira está la piscina, accesible para todas las villas, para adultos y niños. Muy cerca se encuentra el restaurante Asia Luna, pero al final se nos olvidó pasar por él, al menos para conocerle, con una decoración colorida según las fotos que se pueden ver en internet. 


Pasado el puente, y bajo la zona de recepción se encuentra la piscina de las villas, que nunca estuvo ocupada de forma masiva, y en la que era un placer darse un baño. Junto a él el restaurante Amor Loco, con una zona interna y otra externa.



Unas magníficas y cómodas camas-tumbonas te acogen y casi te mecen. 


Casi junto a nuestra villa hay un lugar muy especial, al que llaman Rancho Puro Amor, donde sirven cenas románticas a parejas previa reserva, y ¡que romántico resulta! Vale admito empalagoso como adjetivo con ese corazón de pétalos en el suelo y la declaración de amor, pero ¡viva el amor!, y con más días de estancia hubiera intentado pasar por este rancho, este rincón es un escenario típico de película, I love you for ever. En esta cabaña hay una cocina, por lo que la comida se realiza al momento.


Respecto a la habitación y servicios es el mejor hotel en el que nos hemos alojado hasta el momento en nuestros viajes, y su precio no difiere mucho de una junior suite en cualquier hotel europeo o estadounidense, ofreciendo mayor espacio y sobre todo ese jacuzzi termal, por lo que es una opción a tener en cuenta para una ocasión especial, o para hacerla especial porque apetece. 
 

23 de junio de 2017

Costa Rica - De Tortuguero a La Fortuna



Un duro viaje

A las 9 de la mañana tenemos el punto de encuentro en el embarcadero, las maletas las teníamos que dejar antes en la puerta de la habitación para ser trasladadas a las barcas. Mi marido sale bastante mejor tras el día de descanso de ayer y de la ingesta de pastillas recetadas, pero hoy soy yo la que sale revolucionada, no sé si por los nervios pasados ante su malestar, por los pimientos de la cena de ayer, por el movimiento de cuello buscando animalitos entre la vegetación… el caso es que tengo amagos de vértigo, todavía no es total pero comienza a asomar puntualmente y me preocupan, porque cuando llegan se quedan varios días conmigo (este viaje parece que ha salido gafado en el aspecto físico para ambos). 

Durante el desayuno, intento comer una tortilla con jamón, las náuseas y arcadas se amontonan en mi cuerpo, y menos mal que el baño del restaurante está a tiro de piedra y no estaba ocupado, sino monto el número de la niña de El Exorcista en mitad de la sala. Por mi parte, desayuno terminado y expulsado. Miedo me da subir a la barca. El vértigo ya está conmigo, no de la forma brutal es que se me suele presentar, pero mejor que no mueva mi cabeza para evitar más problemas. 



Comenzamos la plácida navegación, el conductor y el guía cuando no ven o intuyen la presencia de animales aceleran la velocidad de la barca, hasta el último momento en búsqueda de vida para los visitantes. Pasamos por el embarcadero de Tortuguero


Yo pienso que con el frescor del aire me sentiré mejor, pero menos mal que hemos sido precavidos, hemos pedido una bolsa de plástico en recepción (empaquetamos todas en las maletas y no era cuestión de pedirlas para buscarlas), y esta a su vez en una mochila de plástico de color negro. Pues sí, terminé vomitando lo poco que me había quedado en el estómago, y sobre todo toneladas de bilis (nadie dijo que este diario de viajes no sería escatológico). Menos mal que me suelo recuperar rápido de estos malestares estomacales, pero lo que perdura en mí es el vértigo, que ahora es más continúo y molesto (utilizar otro verbo más adecuado). De todas formas, disfruto como puedo del precioso paisaje de este paraje tan recóndito.




Las vacas, bien tranquilas a la sombra, contarán barcas de turistas que suben y bajan por el río. 

 
Llegamos al embarcadero de La Pavona, y yo me encuentro fatal. En esta estación me tumbo en uno de los asientos de la cafetería-restaurante, intentando encontrar la calma de mi cuerpo, a la espera (que se me hace infinitamente larga) del transporte que nos llevará hasta Guápiles. No hay fotos, solo dolor y calor. 

Finalmente llegan los nuevos visitantes que nos relevarán en el hotel y nosotros tenemos nuestro transporte. Por supuesto, de las maletas nos hemos desentendido, los trabajadores del hotel se encargan de ello, y en aquellos momentos ni miramos si estaban las nuestras en la furgoneta (aunque pueda parecer falta de confianza, yo lo llamaría asegurarse de que todo está bien, porque los errores son humanos), con lo que a mitad del viaje, rezamos para que así sea. 

Miedo me da el viaje desde La Pavona a Cariari por el camino de tierra, esos baches pueden representar mi desfallecimiento total, aunque espero que ya no tengo que expulsar nada, pero por si acaso hemos comprado agua para tener una nueva bolsa de plástico limpia donde dejar lo que me sobre. El viaje no resulta tan malo como era previsible, pero desde luego que no fue gratificante, no había manera de encontrar una postura medianamente cómoda para mi cuello y para mi cuerpo (aguante tuvo que tener mi pareja para soportar mis posturas).

Llegamos a Guápiles, al Café Nava, donde a las 13 h tenemos la comida, para la que durante el viaje nos han ofrecido varias alternativas de platos, y así a nuestra llegada no hará falta leer el menú y elegir. Yo decido que hoy no me toca comer. Nos toca esperar a que venga nuestro siguiente transporte a por nosotros, este tiempo se me hace eterno porque no hay un sitio bueno donde descansar, por lo menos que sea lo suficientemente cómodo para mi cuerpo maltrecho, que necesita tumbarse hacia un lado, el derecho concretamente, y no moverse. 

Llega el transporte, un agradable conductor de buena y entretenida plática, que al contarle de mi malestar, me deja sentarme en el asiento delantero, junto a él. Lástima que mi mente no estaba todo lo ágil que debería, y no recuerdo su nombre, pero desde aquí ¡mil gracias por todos tus detalles!. Recorremos varios hoteles de Guápiles en busca de más compañeros de viaje, compañeros con los que coincidiremos en otros transportes y hoteles, a partir de ahora es un tour compartido pero independiente. 


Ya me hubiera gustado disfrutar algo más del paisaje, pero estaba yo más concentrada en los pocos movimientos, y en que mi estómago no se revolucionara. 




Llegamos a la localidad de La Fortuna, y el amable chófer deja a nuestros compañeros de viaje en la oficina de información de la localidad, ya que durante el viaje ha contado varias de las opciones de actividades que hay para realizar y que contraten alguna si quieren, y así nos puede llevar a nosotros al hotel y luego volverá a por ellos. Pues no tengo más que decir que gracias a todos, yo estaba necesitada de una cama y de tranquilidad.